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Correr

Cómo empezar a correr desde cero: un plan de ocho semanas que sí se puede cumplir

Un plan progresivo de ocho semanas para pasar de no correr nada a correr treinta minutos seguidos, con pautas de ritmo, descanso y señales de alarma.

Redacción DAWOPublicado el 7 min de lectura

Empezar a correr parece sencillo: unas zapatillas, la puerta de casa y ganas. Sin embargo, la mayoría de las personas que lo intentan abandonan en las primeras tres semanas. No suele ser por falta de voluntad, sino por un error de planteamiento: salen a correr demasiado rápido, demasiado tiempo y demasiados días seguidos. El cuerpo protesta, aparecen las molestias en las rodillas o en las espinillas y la experiencia se convierte en algo que se recuerda con más dolor que placer.

Este artículo propone un camino distinto. La idea es llegar a correr treinta minutos seguidos en ocho semanas alternando carrera suave y caminata, con tres sesiones a la semana y días de descanso entre medias. Es un ritmo de progresión que respeta cómo se adaptan los músculos, los tendones y el corazón, y que deja margen para que la vida diaria no se convierta en un obstáculo.

Antes de la primera salida

Si llevas mucho tiempo sin hacer ejercicio, tienes más de cuarenta años, alguna enfermedad cardiovascular, sobrepeso importante o tomas medicación de forma habitual, conviene que hables con tu médico antes de empezar. No es un trámite: un reconocimiento básico descarta problemas que conviene conocer y te da tranquilidad.

En cuanto al material, lo imprescindible es poco:

  • Unas zapatillas de correr cómodas, que no aprieten en la punta y que no estén gastadas. No hace falta el modelo más caro; hace falta que te resulten cómodas desde el primer minuto.
  • Ropa transpirable adecuada a la temperatura. El algodón empapado de sudor roza y pesa.
  • Un reloj o el móvil para controlar los intervalos de carrera y caminata.

Lo que no necesitas al principio es un pulsómetro, un plan de nutrición especial ni geles energéticos. Todo eso puede tener sentido más adelante, pero no es lo que marca la diferencia en las primeras semanas.

El principio clave: correr despacio

La regla que más ayuda a los principiantes es esta: corre a un ritmo al que puedas hablar. Si puedes decir frases completas sin jadear, vas bien. Si solo puedes decir dos o tres palabras seguidas, vas demasiado rápido.

Correr despacio puede parecer poco ambicioso, pero tiene una lógica clara. Al principio, lo que más tarda en adaptarse no son los pulmones, sino el aparato locomotor: tendones, ligamentos, huesos y articulaciones. El sistema cardiovascular mejora en pocas semanas, y eso engaña: te sientes capaz de ir más rápido antes de que tus piernas estén preparadas para el impacto. Mantener un ritmo cómodo reduce el estrés mecánico y te permite acumular minutos sin acabar lesionado.

Es normal que, al principio, ese ritmo suave sea apenas un poco más rápido que caminar deprisa. No pasa nada. La velocidad llegará sola cuando hayas construido una base.

Cómo es una sesión

Cada sesión del plan tiene la misma estructura:

  1. Cinco minutos de caminata enérgica para calentar. Ve subiendo el ritmo poco a poco.
  2. La parte principal, con los intervalos de carrera y caminata que indica la semana.
  3. Cinco minutos de caminata suave para volver a la calma.

Después puedes hacer unos minutos de movilidad suave para caderas, tobillos y gemelos, sin forzar. No hace falta estirar de forma intensa justo después de correr; lo importante es que acabes la sesión con la sensación de que podrías haber hecho un poco más.

El plan semana a semana

Haz tres sesiones por semana, dejando al menos un día de descanso entre ellas. Una distribución cómoda es lunes, miércoles y sábado, o martes, jueves y domingo.

SemanaParte principal de cada sesiónTiempo corriendo
18 repeticiones de 1 min corriendo + 2 min caminando8 min
26 repeticiones de 2 min corriendo + 2 min caminando12 min
35 repeticiones de 3 min corriendo + 2 min caminando15 min
44 repeticiones de 5 min corriendo + 2 min caminando20 min
53 repeticiones de 8 min corriendo + 2 min caminando24 min
62 repeticiones de 12 min corriendo + 2 min caminando24 min
720 min corriendo + 3 min caminando + 5 min corriendo25 min
830 min corriendo seguidos30 min

Fíjate en que el tiempo total de carrera sube de forma moderada y que la semana 6 no aumenta el volumen respecto a la 5: lo que cambia es la duración de cada bloque. Ese tipo de pausas en la progresión son deliberadas. Dan tiempo al cuerpo para consolidar lo ganado.

¿Y si una semana se hace demasiado difícil?

Repítela. No hay ningún problema en tardar diez o doce semanas en lugar de ocho. El objetivo no es cumplir el calendario, sino llegar a correr treinta minutos con buenas sensaciones. Si en una sesión no consigues completar los intervalos, termina caminando y repite esa misma sesión la próxima vez.

Del mismo modo, si te pierdes una semana por un viaje o un resfriado, vuelve uno o dos escalones atrás en lugar de retomar donde lo dejaste.

Dónde correr

Para las primeras semanas, busca superficies regulares y sin grandes desniveles: un parque con caminos de tierra compacta, un paseo marítimo o una pista de atletismo. La tierra y el césped amortiguan algo más que el asfalto, pero lo realmente importante es que el terreno sea predecible para no torcerte un tobillo.

Las cuestas exigen mucho más esfuerzo y aumentan la carga sobre gemelos y tendón de Aquiles. Si en tu zona no hay llano, sube las pendientes caminando durante las primeras semanas. Correr cuesta abajo, aunque parezca más fácil, multiplica el impacto en las rodillas; hazlo despacio y con pasos cortos.

La técnica, sin obsesionarse

No necesitas aprender una técnica perfecta para empezar, pero tres ideas sencillas ayudan mucho:

  • Pasos cortos y frecuentes. Es mejor dar muchos pasos pequeños que pocas zancadas largas. Al alargar la zancada, el pie aterriza muy por delante del cuerpo y frena cada paso.
  • El cuerpo erguido y relajado. Mira al frente, no al suelo. Hombros sueltos, brazos en un ángulo cercano a noventa grados y manos sin apretar.
  • Respira con naturalidad. No hace falta seguir un patrón rígido de inspiraciones y espiraciones. Si te falta el aire, baja el ritmo.

En un artículo aparte explicamos con más detalle la cadencia, la pisada y la postura, pero al principio basta con correr relajado y sin prisas.

Las molestias normales y las que no lo son

Es normal notar agujetas en los gemelos o en los muslos durante los primeros días, sobre todo después de las primeras sesiones. Suelen aparecer entre 24 y 48 horas después del ejercicio y desaparecen en pocos días. Un paseo suave y una buena noche de sueño ayudan más que cualquier remedio.

Hay otras señales que conviene tomarse en serio:

  • Dolor que empeora al correr en lugar de mejorar tras el calentamiento.
  • Dolor localizado en un punto concreto de la espinilla, el pie o la rodilla, sobre todo si duele al presionar.
  • Dolor que te hace cojear o que persiste al día siguiente en reposo.

En cualquiera de esos casos, para unos días, sustituye la carrera por caminar o montar en bicicleta y, si no mejora, consulta con un profesional sanitario. Seguir corriendo con dolor es la forma más rápida de convertir una molestia de una semana en una lesión de dos meses.

Descanso, sueño y alimentación

Los días sin correr no son días perdidos: es cuando el cuerpo se adapta al esfuerzo. Por eso el plan deja un día libre entre sesiones. Si te apetece moverte esos días, camina, monta en bicicleta suave o haz ejercicios de fuerza sencillos para piernas y tronco, que reducen el riesgo de lesión.

En cuanto a la comida, no necesitas cambiar tu dieta para correr treinta minutos. Evita salir con el estómago muy lleno: deja una o dos horas después de una comida abundante. Bebe agua a lo largo del día y, si hace calor, lleva una botella pequeña o planifica la ruta pasando por una fuente.

Dormir bien es probablemente el mejor complemento para cualquier corredor. La falta de sueño aumenta la sensación de cansancio, empeora la recuperación y hace que cada sesión cueste más de lo que debería.

Mantener la motivación

Algunas estrategias que funcionan:

  • Pon la sesión en tu agenda como una cita más, con día y hora.
  • Prepara la ropa la noche anterior. Parece una tontería, pero elimina una excusa por la mañana.
  • Busca compañía. Correr con alguien de tu nivel hace que sea más difícil saltarse la sesión y más fácil mantener un ritmo suave, porque podéis ir charlando.
  • Apunta lo que haces. Ver en una libreta o en una aplicación las sesiones completadas es un estímulo real.
  • Fíjate en cómo te sientes, no solo en los minutos: dormir mejor, tener más energía por la tarde o subir escaleras sin fatiga también son avances.

Después de las ocho semanas

Cuando completes los treinta minutos seguidos, mantén ese volumen durante dos o tres semanas antes de plantearte nuevos objetivos. A partir de ahí puedes elegir entre varios caminos: correr cinco kilómetros sin parar, añadir una cuarta sesión semanal o empezar a jugar con cambios de ritmo suaves. Lo importante es que cada paso sea pequeño y que sigas disfrutando.

Correr es una actividad para toda la vida. Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud hablan de entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada para los adultos, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa. Tres sesiones de treinta minutos de carrera suave, junto con caminar a diario y un par de sesiones de fuerza, encajan perfectamente en esas pautas. No hace falta más para notar sus beneficios.

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